Existe un tipo de residuo que no aparece en las discusiones cotidianas sobre gestión ambiental, pero que representa uno de los riesgos sanitarios más serios si no se maneja correctamente: los residuos hospitalarios y biomédicos.
Hablo de jeringas, material quirúrgico, cultivos de laboratorio, residuos de fármacos, sangre y fluidos corporales. Son residuos que, si terminan en un vertedero común o en la vía pública, representan un vector activo de transmisión de enfermedades. El riesgo no es hipotético. Tiene nombre y apellido en comunidades de bajos ingresos que viven cerca de sitios de disposición informal.
El contexto dominicano
República Dominicana tiene una red hospitalaria extensa — decenas de hospitales públicos y privados solo en el Gran Santo Domingo. Hasta hace relativamente poco tiempo, no existía un sistema centralizado y especializado para la gestión de sus residuos sanitarios. Cada institución resolvía el problema como podía, lo que en muchos casos significaba mezclar residuos peligrosos con residuos comunes o entregarlos a transportistas sin capacitación ni equipamiento adecuado.
Eso cambió con AIDSA — Alianza Innovadora de Servicios Ambientales, empresa de la cual DEAMSO es accionista, y que hoy gestiona los residuos sanitarios y biomédicos de aproximadamente el 90% de los hospitales públicos y privados del Gran Santo Domingo.
Coordinación operativa entre técnicos ambientales, monitores y autoridades militares — parte del sistema de respuesta a la gestión de residuos de alto riesgo sanitario.
Qué hace falta para gestionar residuos hospitalarios correctamente
La gestión de residuos biomédicos no es simplemente recolección y transporte. Requiere un sistema integrado que comienza dentro del propio establecimiento de salud. La segregación en la fuente — separar los residuos peligrosos de los residuos comunes desde el momento en que se generan — es el paso más crítico y también el más difícil de estandarizar.
Luego viene el transporte especializado, con vehículos equipados para evitar derrames y exposición del personal. Y finalmente el tratamiento: autoclaves para esterilización, incineración controlada con sistemas de filtración de gases, o tecnologías alternativas según el tipo de residuo.
Cada eslabón de esa cadena puede fallar. Y cuando falla, el riesgo no queda contenido dentro del hospital — se extiende al ambiente y a las comunidades.
El modelo AIDSA y sus lecciones
Lo que AIDSA ha logrado en el Gran Santo Domingo demuestra que es posible tener un sistema centralizado, eficiente y ambientalmente responsable para los residuos hospitalarios. No fue fácil: requirió convencer a decenas de instituciones de salud de cambiar sus prácticas, construir confianza con los ministerios de Salud y de Medio Ambiente, y desarrollar capacidades técnicas que no existían en el país.
El modelo es replicable. Y en el contexto de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, donde la concentración de hospitales en pocas ciudades hace que un sistema centralizado sea especialmente eficiente, tiene mucho sentido exportarlo.
La gestión de residuos hospitalarios no es glamorosa. No aparece en las portadas. Pero es uno de esos sistemas invisibles que, cuando funciona bien, protege la salud pública de forma silenciosa y efectiva. Y cuando falla, las consecuencias se pagan en las comunidades más vulnerables.